Ars CatalogiInventario de bienes artísticos de la Diputación Provincial de Zaragoza

Breve historia de las colecciones artísticas de la Diputación Provincial de Zaragoza

Las colecciones artísticas institucionales suelen devenir en una amalgama de épocas, estilos y tendencias, a menudo debido a que su formación se haya dilatada en el tiempo y a las muy diversas casuísticas que hayan influido en su configuración. La Colección Diputación Provincial de Zaragoza no escapa a estas circunstancias y aunque tiene extensión suficiente como para ejemplificar algunos de los principales movimientos artísticos, lo verdaderamente interesante de ella es que forma parte de la intrahistoria de la institución, constituyendo una de las facetas sustanciales que han definido el ser de la Diputación Provincial de Zaragoza a lo largo de casi dos siglos de andadura.

Constituidas las diputación provinciales españolas de forma estable a partir del año 1835, el primer patrimonio artístico que poseyó la de Zaragoza fue la Real Capilla de Santa Isabel, en virtud de una Real Orden de 1842 por la que este templo, con sus retablos y demás dotaciones muebles, le fue cedido. En 1858 quedó concluida la construcción del primitivo Palacio Provincial, sede de la entidad. Pronto se empezaron a atesorarse allí las primeras obras artísticas, empezando por el conjunto escultórico monumental que exornaba su fachada y patio, del que hoy tan solo se conserva una serie de medallones de reyes esculpidos por Antonio Palao. Las primeras pinturas sobre lienzo, atentas al gusto historicista entonces imperante, vinieron de la mano de aquellos artistas que empezaron a ser pensionados por la Diputación para ampliar estudios artísticos en París o en Roma. Eduardo López del Plano, Agustín Salinas y Mariano Barbasán fueron los primeros remitentes.

En virtud de un decreto del año 1868 quedaron suprimidas las juntas provinciales de beneficencia que regentaban los establecimientos asistenciales, pasando estos a depender de las diputaciones provinciales. Como consecuencia, la Diputación de Zaragoza asumió la propiedad del Hospital de Nª Sª de Gracia, el Cementerio de la Cartuja, la Real Casa de Misericordia (luego Hogar Pignatelli), la Plaza de Toros de la Misericordia y el Hogar Doz de Tarazona. Un voluminoso legado artístico iba ligado a estos inmuebles, en gran parte de carácter religioso y época barroca. Muy destacada es, además, una galería de retratos de benefactores de la beneficencia, la mayoría trabajos academicistas del siglo XIX. En 2001 el Hospital y el Hogar Doz fueron transferidos al Gobierno de Aragón, pero excluyéndose la dotación artística de estos centros, que sigue en manos de la Diputación.

Pensionados y becarios, beneficiarios en sucesivas convocatorias, siguieron contribuyendo a ampliar el patrimonio artístico durante el siglo XX, destacando especialmente las figuras de Francisco Marín Bagüés y Félix Burriel, a las que se sumaron otras como Julio García Condoy o Mª Pilar Burges.

La construcción de un nuevo Palacio Provincial, finalizada en 1952, estimuló el interés por adquirir nuevas obras para su decoración. Tan sólo un año antes se había comprado a la viuda de Juan José Gárate su emblemática Vista de Zaragoza. La Diputación posee hoy muchas más de este artista. Por entonce empezaba a tomar cuerpo la galería de retratos de presidentes de la institución que actualmente arranca con la efigie de Manuel Pérez Lizano, asesinado en 1936.

La modernización que la sociedad empezaba a experimentar en la década de 1970 impulsaría una mayor implicación en la promoción de las artes. En 1970 se instaura el Premio “San Jorge” que a lo largo de catorce ediciones fue una importante vía de adquisición de pinturas, esculturas y dibujos. Parte de ellos se instalaron en el efímero Museo Aragonés de Arte Contemporáneo que a partir de 1976 quedó abierto en el Monasterio de Veruela, al poco tiempo de haber recibido la Diputación el usufructo de este señero monumento cisterciense. Diversas compras a renombrados artistas locales contribuyeron a configurar sus fondos, destacando la Gran Crucifixión de Antonio Saura. Este cuadro, junto con un ejemplar del Gran Profeta de Pablo Gargallo cuya fundición se encargó expresamente en 1972, pueden considerarse como las piezas más valiosas de la colección. José Orús, Salvador Victoria, Pascual Blanco, Julia Dorado y Pablo Serrano se cuentan asimismo entre los artistas a quienes se adquirió obra para el museo de Veruela.

Del conjunto arquitectónico del Monasterio de Veruela procedían un grupo de piezas artísticas de época cisterciense que fueron recuperados por la Compañía de Jesús en los albores del siglo XX. Las más señeras son restos del desaparecido retablo mayor renacentista que presidió la iglesia, en cuya escultura y mazonería intervinieron Juan Pérez Vizcaíno, Miguel de Peñaranda y, posiblemente, Pedro Moreto. En el esplendor artístico que vivió Veruela en el siglo XVI jugó también un importante papel el pintor Jerónimo Cosida, artista favorito del arzobispo de Zaragoza y antes abad de Veruela don Hernando de Aragón.

Entre 1973 y 1981 se adquirieron las principales series de estampas grabadas por Goya: copias de cuadros de Velázquez, Caprichos, Desastres, Tauromaquia y Disparates. Responden a diversas ediciones.

En 1981, al año siguiente de adquirir el palacio renacentista de los condes de Sástago en Zaragoza, la Diputación compró al Casino de Zaragoza, principal inquilino del palacio, la mayor parte de de sus bienes artísticos y bibliográficos. El lote incluía la famosa serie de grabados “Ruinas de Zaragoza” de Gálvez y Brambila, paisajes de Carlos de Haes y Víctor Alexis y un buen número de retratos, retrospectivos o reales, debidos a Marcelino de Unceta, Justino Gil Bergasa o Thyra Ekwall, entre otros. Tan solo un año después la Diputacicón compró otro palacio renacentista, el de Eguarás, situado en Tarazona. Con él venía incorporado un magnífico San Jerónimo del taller de Ribera.

A partir de la década de 1980 la política de adquisiciones emprendida por la Diputación alcanzó fuerte impulso, ligado a la exuberante vitalidad creativa que empezaba a vivirse. Desde entonces se han comprado un buen número de obras de artistas contemporáneos, generalmente aragoneses (Pablo Gargallo, Francisco Rallo, Fernando Sinaga, Hantón, Galdeano, José Manuel Broto, Vícto Mira, Xavier Grau, Fernando Sinaga, Charo Pradas, etc.). Heredero del premio “San Jorge” es el Premio “Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal”, que fue establecido en 1986 y que desde entonces viene incorporando sus obras galardonadas al patrimonio provincial; en su primera edición fue una pintura de Juan José Vera. La dotación por parte de la Diputación de becas de artes plásticas en la Casa de Velázquez de Madrid alimenta asimismo la adquisición de creaciones que son entregadas por los beneficiarios; de 1996 data la primera entrega, debida a Antón Jodrá. Muy abundantes son las fotografías de autor adquiridas bien por nuevo positivado de negativos antiguos, como es el caso de Ramón y Cajal, Coyne o Jalón Ángel, o bien por compra directa a creadores vivos. La cerámica contemporánea tiene importante protagonismo en la colección, en buena parte gracias al legado de Antonio Fortún. Muy voluminoso fue el legado de pinturas y dibujos de Juan José Gárate que hicieron efectivo sus descendientes en 2013.

Estos antecedentes históricos invitan a pensar que las colecciones artísticas de la Diputación Provincial de Zaragoza seguirán creciendo en el futuro y alimentado el presente inventario.

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